Hace exactamente una semana, el miércoles 27 de mayo, tuvo lugar en la Casa
Museo el acto “Ecos del Medievo”, subtitulado “Música y poesía a través de la
historia”. Comenzó la sesión con el habitual saludo de nuestra presidente,
Virginia Oviedo, que dio la bienvenida a los asistentes. Lo hizo con un original
escrito imitando el castellano antiguo y las formas de expresión de nuestros
autores clásicos.
Tras una breve presentación, nuestro conferenciante, Josep Aznar, hizo una
revisión de la evolución de la música desde la Edad Media hasta nuestros días.
Con su exposición nos demostró la influencia que la música medieval y
especialmente la renacentista y la barroca, siguen teniendo en canciones y
sintonías actuales. Como colofón de su intervención, Aznar recitó un poema de
Juan del Encina (fines s.XV y comienzos s.XVI) máxima figura de la música
renacentista peninsular, además de poeta y dramaturgo.
Finalizada la conferencia, comenzó el recital poético que tuve el honor de dirigir.
Estuvo obviamente centrado en las épocas analizadas en la conferencia. Era lo
estipulado para mostrar la simbiosis perfecta entre música y poesía. Nuestros
compañeros poetas, se convirtieron por un día en rapsodas al servicio y mayor
gloria de nuestros grandes autores.
Comenzando por la Edad Media y terminando en el s.XVIII fueron desfilando
con el buen decir de nuestros compañeros: el Arcipreste de Hita (s.XIV) con un
fragmento de su obra “El libro del Buen Amor”; el Marqués de Santillana (S. XV)
con su serranilla “la Vaquera de la Finojosa”; el poema de autor anónimo
“Abenámar” (s. XV); Jorge Manrique (s.XV) con tres estrofas seleccionadas de
sus “Coplas a la muerte de su padre): Garcilaso de la Vega (s.XVI) con su
“Soneto XI”; Sta. Teresa de Jesús (s. XVI) con su poema “Nada te turbe”; S.
Juan de la Cruz (s. XVI) con un fragmento de su “Llama de Amor viva”: Góngora
(fines s. XVI, comienzos s. XVII) con su poema “A una rosa”; Lope de Vega (fines
s. XVI y comienzos s. XVII) con un poema de sus “Rimas Sacras”; Quevedo (s.
XVII) con su poema “No he de callar”; Sor Juana Inés de la Cruz (mediados y
fines s.XVII) con dos poemas, un soneto y su famoso “Hombres necios”, escrito
en redondillas; por último Meléndez Valdés (s. XVIII) con un poema de su etapa
salmantina.
Cuando llegó mi turno en el recital me decanté también por Lope de Vega, pero
esta vez con una muestra de su teatro: el monólogo de Laurencia de
Fuenteovejuna. Cerró el recital nuestra presidente, Virginia Oviedo, con el poema
“A Cristo Crucificado”, de autor anónimo, aunque se le ha atribuído a varios
autores religiosos: Sta. Teresa de Jesús, S.Juan de Ävila, S. Francisco Javier y
S. Ignacio de Loyola.
El colofón del acto fue la actuación musical –magnífica como siempre- de
nuestro conferenciante y colaborador habitual, Josep Aznar, que interpretó tres
piezas: “Mangas verdes”, melodía tradicional inglesa renacentista; “Pavana”,
danza renacentista de Thoinot Arbeau, clérigo y compositor francés; “Feria de
Scarbourough”, canción inglesa del Barroco con raíces medievales. En 1966 se
conoció mundialmente gracias a la versión folk-rock realizada por Simon y
Garfunkel. También se incluyó en la banda sonora de la película “El Graduado”.
Quiero expresar mi agradecimiento a todos los compañeros que recitaron y por
el orden que lo hicieron: Amparo Carbonell, Miguel García, Carmen Carrasco,
Elvira Gómez, María Dolores González, Lola Roca, Vicenta Palomares, Annie
Giraud, Amparo Bonet, Nicolás Martínez, Manuel Vélez, Helen de Val y Fernando
Robles. Gracias amigos por aparcar por un día vuestros propios poemas para
poner voz a la obra de otros.
Querido y respetable público, aquí finaliza la crónica de un acto que pretendió
-y creo que consiguió- mostrar la estrecha y afectuosa unión entre música,
poesía y teatro. Además de homenajear a los autores y compositores que nos
precedieron. Aquellos que iniciaron el camino y lo abrieron para que pudiéramos
recorrerlo los que vinimos después. Deseo que mi información haya sido de su
agrado. Si no es así, acabaré con una frase que se utilizaba al final de algunas
obras teatrales clásicas: “Perdonen sus pocas o muchas faltas”
Crónica: LOURDES LAJARÍN
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